Mi Ser sonríe cuando el binomio Río Abierto y Naturaleza se unen. La naturaleza con actividad física fue lo primero que me conectó con la vía del autoconocimiento, con sus luces y sus sombras, llegando en ocasiones a situaciones de peligro, percibiendo la presencia de la muerte y de mi fragilidad.

Río Abierto me acercó a mi propia naturaleza de forma más sutil, sin tener que dejarme la vida en ello. Por eso, juntar Naturaleza y Río Abierto para mí es facilitar el acercamiento a mi Ser esencial y el sentirme parte del Todo. Se conjuga una danza entre placer, alegría, creatividad, responsabilidad y consciencia que me lleva a sentir el verdadero templo.

Espai Delta, sede de Río Abierto Catalunya situada en Deltebre, donde el río se abre al mar, conjugamos sesiones en el centro y actividades en la naturaleza, especialmente en el río y en el mar. Danzar, nadar, correr, expresarnos, imitar a los animales y a las plantas, meditar en presencia de la diosa naturaleza y conectarnos a la fusión de los elementos favorece la desmecanización de nuestros personajes cotidianos, abriendo nuevas posibilidades creativas.

«El cuerpo es naturaleza», como afirmó tantas veces María Adela, ya que tiene todos sus elementos: tierra, agua, aire, fuego y espacio; y lo que está adentro, está afuera, y viceversa. Así, podemos beneficiarnos de las enseñanzas que llegan a nosotras a través de los elementos naturales.

Movernos en la naturaleza nos permite conectar y armonizar con el ritmo de los ciclos naturales. También podemos llegar a sentir reflejada su fuerza y su belleza en nosotras, así como sentirnos parte de su grandeza y, a la vez, poder darnos cuenta de nuestra pequeñez y fragilidad.

La inmensidad de sus espacios facilita el silencio, la atención y la trascendencia.

Los sentidos se van afinando a medida que nos dejamos acariciar por el calor de los rayos del sol, balancear por el vaivén del río, deleitar por el gusto a sal en un arenal, abrazar por el mar, penetrar por el olor a tierra húmeda, acariciar por la brisa y el viento… Y, así, nuestra percepción se va ampliando y profundizando en el descubrir nuevas impresiones y sensaciones.
Muchas veces, hacer Trabajo Sobre Sí en la naturaleza acorta o facilita el camino a la propia conexión y, por tanto, a nuestro propio desarrollo. Nos muestra atajos que amplían el poder vernos en relación con nosotros/as mismos/as, con las otros/as y el hábitat propio del sistema que nos acoge.

Y no solo hay calma y paz en ella, ya que también nos muestra su fuerza, su caos y sus sombras, trayéndonos enseñanzas y aprendizajes de confianza y de autorregulación. Con una escucha profunda y atenta, aparece la posibilidad de armonizar la energía, la emoción y la mente al servicio del crecimiento.

Los paisajes cambiantes de cada estación o de los distintos lugares facilitarán diferentes trabajos específicos, como por ejemplo: ¿dónde me lleva el esfuerzo de subir la cima de una montaña o caminar por un acantilado? ¿Cómo es para mí quedarme disfrutando del placer de la sombra de un árbol escuchando el canto de unos pájaros?
¿Cómo es recibir, en meditación o en movimiento, el alba o la puesta del sol? ¿Cómo es comunicarme con una planta o un animal que me viene a visitar? ¿Qué mensajes trae el río para mí? ¿Qué información me trae el esqueleto de un animal? ¿Cómo es danzar la sombra a la luz de la luna y las estrellas?

Betlem Casanova

Directiva docente de Espacio Movimiento – Río Abierto
Directora de Espai Delta – Río Abierto Catalunya