Solsticio y sus regalos por M. Sol Román

Se acerca la plenitud del encuentro de nuestro planeta con el sol.

La luz creciente, el calor irradiando y activando la vida, los bambúes de mi jardín creciendo como una lanza hacia el cielo.

Cada año con la llegada de junio celebro mi nacimiento y cada año recibo un regalo venido de no sé dónde, sin duda un lugar de sabiduría y amor.

En esta ocasión se me apareció esta senso-visión:

Sentí mi eje vertical como un vínculo con lo infinito. Mirado desde el cielo es como un punto. Esto no es nuevo para mí, desde que conocí a Graciela Figueroa, ese puente por donde danzan el cielo y la tierra y se encuentran a través de nuestros cuerpos es una realidad sentida en el eje vertical de mi cuerpo.

Me divierte pensar que estamos en un proceso de encarnación progresiva, que todo lo que es esencial en nosotres viene a tomar forma y manifestación a través de este eje.

Y de pronto, la semana antes de mi cumple tuve la percepción del tiempo como una línea horizontal que atraviesa mi centro vital, como un regalo venido de la infinita sabiduría que creó la vida. Un regalo que nos permite ensayar, experimentar e ir desplegando todo lo que como esencia de pura energía potencial, somos.

EL REGALO DEL TIEMPO DE VIDA. A veces largo, a veces corto, siempre en presente.

Entre las personas a quienes acompaño como terapeuta, hay un tipo de sufrimiento humano que despierta toda mi atención y me abre el corazón, como si lo necesitara bien grande para acompañarme al acompañarlas.

Esa falta de sentido de la vida, ese «otro día más» que pesa, la dificultad para recibir ese regalo del tiempo.

La percepción de la conexión entre el eje vertical de encarnación y el eje horizontal del tiempo me trajo un poco más de luz para la comprensión de ese sufrimiento.

¿Y si recordar, reconectar con nuestros dones, con eso que alegra a nuestra alma, aceptando a la vez las limitaciones de nuestro presente –que pueden ser tan dolorosas
como la soledad no elegida o limitaciones físicas y psicológicas, pero que siempre permiten de alguna forma que la luz del canal esté abierta– pudiera traer un poco de aire fresco en esas duras situaciones?

La luz de un canal es el espacio por donde algo puede pasar. Igual que el valor de una casa está en el espacio que puede ser habitado, el valor de una taza en el espacio que puede contener, ¿será que nosotr@s, más o menos altas o bajas, guapos o feos, hábiles o torpes, pudiéramos valorarnos no solo por el envase, sino también por el espacio que permite que algo nuevo nazca a través de nuestros cuerpos? Tomando forma a través de nuestra vida dejando pasar la luz como un canal vivo.

Gracias.

M. Sol Román Directiva docente de Espacio Movimiento Río Abierto y directora de Río Abierto Bizkaia