Río Abierto. Pura Vida.

Dic 11, 2024

Somos cuatro en mi familia de origen. Los tres: mi madre, mi padre y mi hermano son músicos. Los tres con enfermedades mentales.

Muchas veces siento que la danza me salvó. Cuando nada parecía tener sentido, y los monstruos me acechaban, entraba en mi clase de danza y absolutamente todo desaparecía.

Era un faro en mitad de la noche. Un salvavidas cuando todo parecía estar terminando. La medicina, lo que me sana, la vuelta a mí y al orden.

Tras cuarenta años bailando, sé que el movimiento con música hace magia.

Así que la deuda es enorme y bonita. Siento una deuda con la danza, y en especial con el flamenco, pero sobre todo con el Movimiento Vital Expresivo de Río Abierto, que me ha hecho sentir quién soy y qué llevo dentro. En aulas sin espejos. Mirando y escuchando hacia dentro. Descubrí que en el movimiento de una mano se hallaba la vida entera.

En las sesiones de Río Abierto el movimiento se volvió real, no interpretaba nada, no tenía como objetivo saltar más alto, girar más rápido o taconear al compás. No buscaba una estética determinada. Aquí la alegría era pura y podía sentir quién era. Sin trajes, ni maquillajes, ni técnica, esa también era yo.

En las primeras sesiones, pensé que echaban droga en el agua que bebíamos, pero luego me di cuenta que esa era la sensación de ser yo sin restricciones.

Bailé en una silla, tumbada y online.

Bailé sin freno y quieta. Sólo para liberar lo que sentía. Pura vida.

Bailé, llena de emoción, sentada, simplemente observando a tod@s mis compañer@s bailar, y me di cuenta de que la vida era eso, una danza, y que lo que ocurre en una sesión de Río Abierto es la vida misma.

Descubrir toda mi rabia escondida, toda la soledad, el pánico, el amor, la frustración, la belleza y la emoción que despertaba cada nota de la música. Podía ser realmente yo, sin esfuerzos, sin técnica y sin adornos, y sentir algo de lo que guardaba dentro, que es mucho.

Entendí la diferencia crucial entre estar sentada hablando de la rabia frente a un terapeuta y, en las sesiones de Río Abierto, poder bailar la rabia, estar en ella, sentirla en mi cuerpo, y permitirme el gran regalo de liberarla.

Ahora, el mundo parece mi antigua casa. Un carrusel de locura y caos, y por eso más que nunca necesitamos expresarnos y comprender que somos únic@s y libres.

Necesitamos el Movimiento Vital Expresivo de Río Abierto. Expresarnos junt@s, en círculo. Danzar, cantar, llorar, gritar, mirarnos, respetarnos. Y que nuestras aguas subterráneas salgan a la superficie para que el río las transporte y lleguen al mar.

 

Alba Martín Abad

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