RÍO ABIERTO EN EL AULA. Una invitación a la entrega de lo que sucede.

Este curso escolar he tenido la oportunidad de incorporar sesiones de Río Abierto en el aula, en el contexto de la asignatura de EMOCREA, en el CEIP Tenteniguada para los grupos de infantil y primaria.

De esta experiencia puedo afirmar que la infancia está llena de sabiduría y de amor, pero también de condicionamientos y falta de escucha y acompañamiento…, y es esto justo lo que me hace sentir que las sesiones de Movimiento son una oportunidad para que puedan reconectar con su verdadera esencia y sentir que tienen derecho y permiso para ser quien realmente son, que lo que sienten y piensan tiene un lugar y que la expresión auténtica de cada uno/a no se juzga, que el juicio viene de lo que van integrando como bien y mal fruto de la cultura, del contexto, de la familia, de la propia institución escolar…, y en estas sesiones podemos incorporar una nueva mirada que tiene más que ver con ser consciente de cómo me respeto y respeto a los demás, así como del impacto que mis acciones y actitudes tienen en el/la otr@.

Respecto al condicionamiento que comentaba, me gustaría mencionar cómo las primeras veces que les sugería que representaran la forma y el color de alguna visualización o meditación que acababan de hacer, no sabían qué dibujar. Es como si a la hora de expresar con libertad lo que hay dentro de ell@s sin que sea algo concreto, se sintieran perdid@s y esperando la indicación precisa de qué dibujar concretamente y, además, de qué manera. Así que con esto corroboro, una vez más, la necesidad de ofrecer esta oportunidad para favorecer la conexión con la verdadera esencia de cada ser.

Como dinamizadora de estas sesiones podría afirmar que mi papel es más el de una guía que va dejándose llevar por la energía del grupo en ese preciso momento, ayudando a la conexión y a la autorregulación de cada peque consigo mism@ y con el propio grupo.

De manera anecdótica, puedo decir que las primeras veces que fui al colegio llevaba unas sesiones diseñadas casi al milímetro, con una secuencia, unas músicas y unas dinámicas concretas que pronto me di cuenta de que nunca iba a poder desarrollar tal y como me lo había imaginado, porque la energía de l@s niñ@s es pura y transparente, casi sin filtros, así que nada más entrar en el aula, si yo pretendía hacer una llegada a tierra tranquila planteando un círculo, pronto veía cómo se ponían a estirar adelante y atrás el círculo, a reír, cantar, jugar… Así que las llegadas son con esa energía, en movimiento y dando espacio a lo que hay, a esa expresión… Entonces, es como si la primera etapa de una sesión, que es la nutrición (aunque ya sabemos que esto de las etapas no es lineal), en el caso de l@s niñ@s, lo primero siempre es la expresión.

 

En cuanto a infantil, hay diferencias lógicas derivadas de la etapa evolutiva en la que están. Me buscan con la mirada, me abrazan, todos y todas quieren exclusividad, se pisan al hablar, lloran porque uno le empujó sin querer… Aquí mi figura es más maternal, de cuidado, de tacto, de ternura, de que aprendan a tratarse con cuidado, llevarl@s a la ternura a través de la música y el juego. Mucho juego simbólico, identificación con animales, canciones guiadas…

Me llama la atención cómo a veces, nada más entrar, me dicen: «profe, ¿hoy vamos a meditar? Yo quiero hacer lo de “No con el dedo”, ¡y yo!!, y lo de las estatuas…». Ell@s piden lo que necesitan y así voy danzando y fluyendo con ell@s, teniendo como mapa y guía una única intención: el autocuidado y respeto al cuerpo, la conciencia corporal, el contacto consigo mism@s, el respeto a lo que les sucede y el respeto a l@s demás.

También es llamativo cómo al final de las clases, cuando cierro, les pido que me digan algo que les gustó, o les llamó la atención, cómo se sienten… Esas aportaciones son hermosas y llenas de autenticidad. Con el paso del tiempo y la experiencia en la participación de las sesiones, percibo cómo captan la esencia del trabajo y cómo se entregan a cada sesión con alegría y expectación, y siempre quieren más, y quieren repetir.

Como conclusión, podría decir que trabajar con l@s niños y niñas en el ámbito escolar no solo es un regalo para la comunidad educativa en general, es un regalo para mí, porque no alcanzan las palabras para expresar cómo florece mi corazón con cada entrega, cada mirada, cada gesto y cada palabra que recibo.

Yanira Rodríguez Sánchez
651 192 238
yanisev@hotmail.com
@yanirodriguez_bienestarysalud