Sanar el cuerpo, habitar el vínculo: Trauma, apego y movimiento desde Río Abierto. Por Charo Fernández

El trauma no solo vive en los recuerdos; también habita en el cuerpo. Se graba en los músculos, en la respiración contenida, en la postura defensiva. Nuestra historia de vínculos – cómo fuimos mirad@s, sostenid@s o ignorad@s – deja marcas profundas en la forma en que sentimos, nos movemos y nos relacionamos. Y es allí, en el cuerpo, donde también podemos empezar a sanar.

Peter Levine describe el trauma como una energía congelada: una respuesta de supervivencia que no pudo completarse. Bessel van der Kolk lo reafirma: cuando no procesamos una experiencia traumática, nuestro sistema nervioso permanece en alerta o se apaga, como si el peligro siguiera presente.

Esto no solo afecta a la mente: respiramos superficialmente, nos tensamos, disociamos. El cuerpo adopta formas que nos protegieron en el pasado, pero que ahora nos limitan. La buena noticia es que también posee una sabiduría innata para restaurarse cuando se le brinda la posibilidad en un entorno seguro.

Apego y cuerpo: la primera danza

Desde el inicio de la vida, el cuerpo aprende a través del vínculo. La teoría del apego (Bowlby, Ainsworth) muestra cómo la calidad de los cuidados recibidos en la infancia da lugar a distintos estilos de apego: seguro, ansioso, evitativo y desorganizado.

Estos estilos no son solo “formas de relacionarse”, sino también posturas físicas, patrones de respiración, niveles de tensión o inhibición. Un/a niñ@ que creció en un entorno impredecible o negligente no solo teme al abandono: su cuerpo lo anticipa. Se aferra, se endurece o se desconecta.

Afectan no solo a nuestro bienestar emocional, sino también a nuestra capacidad de vincularnos con las demás personas. Según nuestras experiencias tempranas con las figuras cuidadoras, desarrollamos estos patrones de apego seguro, ansioso, evitativo o desorganizado, y cada uno de ellos tiene su correspondiente huella corporal: apertura y confianza, dependencia y tensión, distancia y rigidez, hipervigilancia o desconexión.

El sistema nervioso también habla

Stephen Porges, creador de la Teoría Polivagal, explica que nuestro sistema nervioso responde al entorno a través de tres estados principales: conexión segura, lucha/huida o colapso/disociación. Estos no son “elecciones” conscientes, sino respuestas biológicas automáticas.

Cuando hemos vivido un trauma o vínculos inseguros, podemos quedar atrapad@s en la hipervigilancia o la desconexión. Aprender a regular estos estados – volver al eje de la seguridad – es un paso esencial para el bienestar.

Río Abierto: un camino de movimiento y reparación para el trauma

Aquí es donde el Sistema Río Abierto ofrece una vía poderosa: una propuesta psicocorporal y transpersonal que, a través del movimiento vital expresivo, la respiración, el masaje, la voz, la creatividad y el trabajo sobre sí, ayuda a liberar las memorias del cuerpo y recuperar la capacidad de conectar.

Río Abierto no solo trabaja con el cuerpo físico, sino con el cuerpo emocional, energético, vincular, espiritual. Sus herramientas permiten que el sistema nervioso reorganice sus respuestas, que la respiración se expanda, que la persona vuelva a habitar su cuerpo con confianza y fluidez.

Un cuerpo más libre, un vínculo más seguro

Cada tipo de apego deja una impronta corporal distinta. Río Abierto adapta sus propuestas para cada caso:

  • Al apego ansioso le ofrece calma, anclaje y contacto seguro que no asfixia.
  • Al apego evitativo, experiencias de cercanía dosificadas que respetan el espacio.
  • Al apego desorganizado, estructura, ritmos y presencia estable para integrar el caos interno.
  • Al apego seguro le da alas para explorar y profundizar su autoconciencia.

Todo esto desde el movimiento, el juego, la música, la risa y el llanto, el masaje, la expresión de lo que fluye y la conciencia. Porque cuando el cuerpo se siente seguro, se permite moverse. Y al moverse, se transforma.

Graciela Figueroa nos invita a “abrazar todas nuestras partes”, reconociendo que el trauma no solo es dolor, sino también una oportunidad de transformación: “donde está la herida está la misión”. A través de prácticas que integran el cuerpo, la emoción, el vínculo y la intuición, buscamos desbloquear los patrones defensivos y reconectar con el movimiento libre y la expresión genuina.

Sanar en Comunidad

El trabajo grupal en Río Abierto no solo potencia el proceso individual, sino que genera una experiencia compartida de resonancia y pertenencia. El movimiento expresivo en grupo permite explorar nuevas formas de vinculación, confianza y expresión, creando una nueva matriz vincular que resignifica el pasado desde la experiencia presente.

Sanar el trauma no es olvidar el pasado, sino habitar el presente con nuevas herramientas. Río Abierto nos invita a danzar la vida que alguna vez se contuvo. A reescribir con el cuerpo lo que no se pudo decir con palabras.

Cada respiración, cada paso, cada gesto expresivo en una clase, en un taller o en una sesión individual, es una oportunidad para decirle al cuerpo en todos sus planos: “Estás a salvo”, “permítete fluir”, “tu fuego es tu fuerza”, “tienes derecho a amar y ser amad@”, “tu verdad tiene espacio”, “confía en tu intuición”, “estás conectad@, formas parte del todo”.

Y, desde ahí, dejar que el Río interno fluya con más confianza, alegría y libertad.

Charo Fernández

Directiva docente de Río Abierto España

Directora del Centro de Psicología Humanista de Jerez y Co directora de Río Abierto Jerez

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@cphjerez

Centro de Psicología Humanista Jerez